Vista del Duomo, Florencia.
Foto: Maximiliano Basso Benelli

Foto: Dinámicas de estudio de personaje de la actriz Daniela Zúñiga, Santiago de Chile, febrero de 2007.
La actriz chilena Daniela Zuñiga Bátory, titulada en la Academia de Gustavo Meza, está de regreso al mundo de las tablas. Su entusiasmo y profesionalismo empieza una estampida que echábamos de menos los que tuvimos la gracia de verla actuar. Tras un tiempo de preparación personal, Daniela prepara en estos momentos el monólogo dramático-teatral Oro no es (precisamente...), escrito por Nadine Alemán y Cristián Basso Benelli. Una muestra del imaginario femenino y su enfrentamiento a los etereotipos sexuales y sociales de la mujer en nuestra sociedad chilena actual.
La actriz participó en la década de los noventa en la Compañía de Teatro Pretérito Imperfecto, que ensayó las obras de Basso Benelli Muebles de Carne y Hueso y Tatiana Taladra. En esta última, la actriz tuvo el papel protagónico, además de contar con la participación del destacado actor Marcelo Maldonado, quien ha desarrollado una frctífera carrera en teatro y televisión.
Actualmente, los escritores Alemán y Basso Benelli dan los últimas correcciones al original de la obra que la actriz presentará este primer semestre en La Serena, Valparaíso y Santiago.
Para conocer más acerca del trabajo de Daniela, pueden visitar su blog: http://www.danielazunigabatory.blogspot.com/
un cuento de 17 cuentos simples
BIANCA ENCIERRA
“Era tan pero tan profunda nuestra alianza, que nos encontrábamos todas las tardes en nuestra muda locuacidad”
(Nadine Alemán)
Bianca encierra las pocas ovejas en el corral todas las tardes. Y vuelve al rancho con las piernitas envueltas en abrojos y temblando por el frío hostil de la cordillera. Bianca y su vida suspendida. Bianca con ese padre viejo y acabado que no le dio más vida que esa vida, llena de ausencias. Bianca y las estrellas.Pero ella sale inmutable cuando lo oye decir, a veces como única frase en todo el día: “¡Bianca, encierra!”. Ella sale del rancho y encierra todo lo que puede, las gallinas, las ovejas, la puerta de la despensa. Hace todo lo que él le pide mientras lo ve envejecer. Hace el pan (le pone harina de la buena y lo amasa con leche fresca para que quede mas blando y no le arruine los dientes al viejo), y no se queja del agua helada del arroyo cuando lava la loza. Le compra pilas nuevas a la radio, pega el hule del mantel cuando se raja, zurce repasadores y medias. Hasta pesca con la latita en el arroyo para que no sean siempre fideos, papas y carne. Y cuando va al pueblo, Bianca tarda. Hace despacito el camino de regreso, como soñando que nunca llega.A su padre lo acuesta, lo levanta, calienta el agua en el tanque de la cocina a leña y le prepara el fuentón de lata para bañarlo. Y apaga las velas temprano para que Ella, la Muerte, si llega no lo vea. Espera la noche para dejar las cortinas corridas y desde su cama ubicada estratégicamente bajo la ventana, ve las estrellas lejanas que la helada vuelve mucho más brillantes, como un regalo íntimo, solo para ella. Ni bien se acuesta se pierde en un viaje único. Es otra, vive otra vida, goza el destierro nocturno y se hace a él soñando que tiene amigas, que tiene marido, que tiene hijos, que tiene calor y que tiene un destino. Así se duerme hasta el otro día, cuando al amanecer otra vez se levanta, otra vez suelta las gallinas, las ovejas, abre la puerta de la despensa. Otra vez el día, la luz, el campo, el trabajo duro, el viento y su padre. Pasando como siempre las horas lentas, hasta el atardecer, donde vuelve a encerrar.Y sobre todo Bianca encierra. Encierra esas ganas de dejar esa noche las velas encendidas para que si Ella, la Muerte, esta noche viene, entregárselo de una vez y perderse otra vez en la vida que ella tiene en las estrellas.-









